El japonés es, hoy por
hoy, uno de los pueblos más longevos del planeta y, sin duda alguna, su
alimentación es un factor esencial dentro de esa longevidad. Una cocina
milenaria, rica en productos frescos y que ha aprendido a usar las grasas en su
justa medida, proporciona a los japoneses una dieta muy equilibrada que no
tiene nada que envidiar a la mediterránea.
La cocina de cada país es muchas veces consecuencia de su cultura y de sus
condiciones geográficas. En el caso de Japón nos encontramos con una isla
pequeña, muy montañosa y húmeda, con diferencias grandes entre las cuatro
estaciones del año. Todo esto ha dado origen a una cocina regional en la que
abundan los productos frescos tanto de mar como de montaña.
La cocina tradicional
japonesa es conocida por ser sana y muy ligera. Los ingredientes son tratados
de forma muy sencilla, respetando al máximo el sabor de cada uno y prestando
especial importancia a que se trate siempre de productos de cada estación, lo
que asegura su frescura. Otro elemento importante es la moderación en el uso de
grasas y la predominancia del pescado sobre la carne. Las mesas japonesas
suelen consistir de numerosos platos, con sabores muy contrastados y que se
toman en dosis muy pequeñas.
Comer de todo
La cocina tradicional
japonesa procura que en cada comida haya alimentos de todos los reinos:
verduras de hoja, algas, raíces, troncos, frutos, semillas, pescado, carne (en
pequeñas cantidades). El arroz, por supuesto, es el elemento imprescindible por
excelencia.
De todas formas, preparar
comida japonesa fuera de Japón puede constituir toda una aventura. Y es que hay
verduras propias del país y otros ingredientes elaborados que son muy difíciles
de encontrar fuera de la isla nipona. Sin embargo, con un poco de imaginación y
una gran dosis de creatividad, pueden lograrse platos muy similares a los
originales.
Todos a una
En Japón los platos no se presentan uno detrás de otro como en occidente, sino
que son servidos todos a la vez. Normalmente, un menú japonés tiene un plato
principal y otros dos más pequeños, acompañados de sopa y arroz. Suele
empezarse por la sopa, para seguir después con las verduras, acompañadas de
arroz, y terminar con más sopa. Esto permite que el menú no sea aburrido,
porque se pueden combinar varios sabores muy distintos, y además de una forma
muy ligera.
Sin duda, las
características de su cocina influyen notablemente en que el japonés sea el
pueblo con más esperanza de vida y más personas centenarias del mundo. Por una
parte, los alimentos son cocidos en tiempos muy cortos, permitiendo que
conserven todas sus propiedades y su valor nutritivo. Además, esto les da una
textura crujiente, que ayuda a masticar y ensalivar y, por lo tanto, favorece
la digestión.
Equilibrar la energía
Además, se usa un aliño
muy moderado y hay pocos fritos, lo que hacen la dieta mucho más ligera. Por
último, tampoco se usan productos lácteos, y lo más parecido es el tofú fresco.
Según la filosofía oriental, la cocina japonesa moviliza la energía corporal
por los diversos órganos del cuerpo, y equilibra la energía corporal.
El arroz es el ingrediente
imprescindible de la cocina japonesa, y la base de muchos de sus platos. Tan
importante es, que un dicho japonés afirma que un buen cocinero es el que sabe
hacer bien el arroz. Antiguamente, un invitado podía saber si la comida de su
anfitrión iba a ser bueno o no con sólo probar el arroz.
Y es que aunque parece
sencillo, cocer el arroz de la forma adecuada requiere su técnica. Aunque hoy
lo hacen usando aparatos eléctricos que controlan exactamente el tiempo y la
temperatura, hasta hace relativamente poco se cocía muy cuidadosamente,
respetando escrupulosamente el tiempo de cocción y la cantidad de agua, y
escuchando el sonido que producía al hervir. Sólo cuando ese sonido era
crujiente, se consideraba que el arroz estaba en su punto.
Una de las diferencias
fundamentales entre la dieta japonesa y la occidental estriba en la cantidad de
productos a base de soja existentes en la cocina nipona. Con los estrógenos
presentes en el tofu se explica que estos se encuentren en la sangre de los
japoneses en una medida superior en 50 veces a la del resto el mundo. Esto
explicaría la diferencia de incidencia de casos de cáncer de mama y próstata
entre Oriente y Occidente.
Ingredientes Básicos
He aquí un pequeño diccionario con algunos de los
ingredientes más comunes en la cocina japonesa:
Algas. Son el complemento indispensable
de la cocina japonesa, como acompañamiento de verduras y cereales. Existen
muchas variedades: wakame, kombu, agar-agar, nori, arame…
Salsa de soja. Imprescindible en la cocina
japonesa, tiene numerosas variantes: el tamari combina muy bien con el pescado
crudo, mientras que el shoyu es más suave y se usa para cocer verduras.
Mirin. Vino de arroz integral semifermentado. Contiene agua, arroz y sal
marina y se utiliza solo para cocinar.
Umeboshi. Ciruelas fermentadas con sal, de
sabor muy fuerte. Se toman con té bancha y sal de soja para combatir la gripe.
Judias azuki. Judías rojas japonesas, muy
utilizadas para preparar repostería, helados y cremas. Se usan para preparar el
osekijan, un plato que se come en días festivos.
Jengibre. Se consume fresco con verdura,
pescado y carne, además de en sopas. Tiene efectos beneficiosos en afecciones
bronquiales y ayuda a eliminar toxinas y mucosidades.
Shiitake. Seta japonesa que se consume
fresca con verdura y seca en ensaladas.
Miso. Pasta obtenida al macerar haba de
soja con cereales, agua sal y fermento. Se utiliza como condimento en ensaladas
y salsas, así como en multitud de sopas.
Tofu. Cuajada o queso de soja, pobre en
grasas y calorías, y sin colesterol, pero rico en proteínas. Su sabor es neutro
y se presta a elaboraciones muy diversas.
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